martes, 22 de septiembre de 2026

Los observantes

 


 

“La depresión surge de la imposibilidad de resolver un problema”. Monótono zumbido hipócrita de la autoayuda y de los consejos “bienintencionados” maquinalmente repetidos, permanentemente contradichos por el asfixiante e implacable vals de muros publicitarios y banners de dominio. Observantes constantemente observados, nuestras miradas han dejado de ser libres y tan sólo expresan su propia decadencia en la búsqueda desesperada de lo que podemos ver en los otros, en una decidida e irreflexiva huida del mayor enemigo existente, el que por siempre habita dentro de nosotros mismos.

Nunca acabará la batalla interior, la misma que siente y crea los enjambres de miradas que se clavan en mí con su ácida paranoia desde todos los ángulos, sin que sepa jamás la causa, cuando salir a la calle es como parapetarse en una trinchera consciente de que vas a ser disparado y el devenir se desarrolla en un fuego cruzado retroalimentado por su propia falta de sentido, un fractal de insensatez y autodestrucción, la guerra dentro de la sociedad.

Físico o abstracto, el combate se muestra estéril: poco importa que nos maten, porque ya estamos muertos. Dejad de mirarme y juzgarme, vosotros que vivís encerrados fuera de lo que sois, tan ciegos a la vida como portavoces de vuestra propia muerte, a la que no os atrevéis a enfrentar. Dejad en paz mi cadáver…

Los observantes © 2026 by José Ángel Conde Blanco is licensed under CC BY-SA 4.0 

 

Foto: 

-Portada para el album A Firmament Of Nightmares (Living in the Misanthropy, 2023), de Gustavo Sazes



 

 

 

lunes, 31 de agosto de 2026

Nanonauta

 


 

Lo infinitesimal, lo pequeño de lo pequeño,

somos microorganismos o plancton humano

en un mar relativo que ni acertamos a vislumbrar.

Crear del dolor, como un parto de verdad,

correspondencia.

Las ondas del mundo y del día vivido

se repliegan por la noche dentro de mis oídos,

acumulándose en minúscula implosión

como en un bosón primigenio,

infinitesimalmente desesperante.

Su núcleo no quiere dejarme soñar,

sus pulsiones no quieren dejarme vivir.

Los estados de ánimos cambian

con similares marcas cuánticas internas,

caprichosas combinaciones eléctricas,

el sentir de la materia

nadando en las emisiones de los nanosegundos,

sexo y mística en el interior de las partículas.

La poesía es una termodinámica de conocimiento,

caos y sentido enlazados en transformaciones cerebrodilatadoras,

expresión fundida que vierte el alma en moldes de letras cuneiformes,

taxonomía de mundos y civilizaciones del tiempo detenido,

palabras que se expanden en una arcilla a descomponer,

máscara de sombra inconsciente,

nanonauta.

is licensed under CC BY-SA 4.0

 

 

Foto:

-Shadowscapes, Libby Heaney 

 

 

 
 
 
 
 

miércoles, 15 de julio de 2026

Enésimo patetismo

 


 

Torturado por el lenguaje que sale “de” y se queda “en” mí,

escupido cada día por cientos de rostros que ni conozco ni conoceré,

la realidad exterior no para de juzgarme y sentenciarme

mientras arrastro mi cuerpo aterrado de mi propio movimiento

a través de una niebla completamente oscura,

farolas que se alejan burlonas,

y me yergo inútil, cabeza alta y ojos de loco,

la valentía atrapada para siempre entre mis hombros encogidos,

vagando a lomos de la esquizofrenia de los pasos,

la soledad biomecánica,

las lágrimas del autómata que se despierta,

cae y se levanta una y otra vez

arrastrado a la cadena de montaje de la sociedad,

emociones absorbidas por cables saliendo

de matrices centrales aún no determinadas,

pero sedientas,

absorbiendo mi miedo y mi tedio a partes iguales.

 

Envuelto en la sombra que es mi cuerpo,

puedo tocar con los dedos el fin del mundo,

cuando una nueva depresión me convierte

en el problema no resuelto,

deshumanizado,

por la onda expansiva de la melancolía.

El insomnio fluye como plomo fundido por la conciencia

haciéndome sentir culpable de existir.

Enésimo patetismo © 2026 by José Ángel Conde Blanco 

is licensed under CC BY-SA 4.0 

 

 

Foto:

-Fotografía de la serie Elsewhere, de Olga Karlovac