
La mirada y el cuerpo
arrastrados por la evolución de las volutas de la niebla,
híbrido entre el
estatismo y el dinamismo,
el avance de su aguja
inmaterial en el mismo centro perdido de la percepción.
Música solitaria de este
instante.
Parques sin niños.
Galaxias deshabitas.
La pureza de no existir
nada.
Y, sin embargo, sigo
caminando,
mi cuerpo siempre
expuesto a la vida,
ahora ya imposible de
situar en la existencia.
Las neuronas están
compuestas de polen
que vuela sin voluntad en
las ráfagas constantes del viento del deseo,
creado por una
climatología desconocida
pero que se expande con
las contracciones
de un púlsar de
remordimientos necesario.
Ondas de anhelo navegando
por el aire
en busca de algo que
nunca se cumplirá,
pero que se justifica por
la vibración misma del desear.
Soy ansia total de lo que
no existe: Sehnsucht.
Por túneles y avenidas,
me separo de vez en
cuando del hilo invisible de láser rojo
que conecta los
movimientos agrupados de la multitud,
que me mira con extrañeza
y temor
por no desear algo que se
adapte a un sentido
y por arrancarme ese
sentido como cuchillas que afeitan conceptos,
en mi mirada,
en mis movimientos.
Si ando es para corregir
los errores que mi torpeza ha ido produciendo,
tiempo que ni retrocede
ni avanza en una duración que me es prestada,
deshilado de la madeja de
una Parca avergonzada
por el tedio de seguir mi
hilo,
mi propio cordón rojo de
voluntad electromagnética
unido a unas venas
cansadas.
Me gusta salir solo,
perderme de todo y de
todos,
tal vez encontrarme,
sabiendo que, al volver a
casa siempre al día siguiente,
no habré vuelto a mi
hogar
porque a donde pertenezco
no puedo ya volver.
En mis labios noto
todavía el sabor del hidromiel
de una pérdida en el frío
polo norte
y el fuego de senos
ctónicos ardiendo como iniciaciones
en el recipiente
hermético de mi encéfalo muerto,
las resacas de vivir
todavía siendo cobradas
como pago de haber libado
el elixir de la eternidad
escondido en ciertas
asociaciones químicas y movimientos anatómicos.
Con unas determinadas
dosis de fiebre,
cada noche del espíritu,
el insomne podría por fin
dormir,
terminando así con el
insoportable concierto de ansiedades
que siempre precedieron
su sueño.
La debilidad de la carne
mortal y el sudor de todas sus ambiciones,
sexo, poder y dinero,
placentero jugo para el
festín cósmico de los inmortales.
No soy ni he sido,
y no debería preocuparme
porque todo ha acabado ya
y esto que sucede es tan
sólo
seguir terminándome.
En el éter persisten,
sin embargo,
los posos de la
nostalgia,
melancolía del verbo que
no se pronuncia,
que quiere recuperar los
átomos y células muertas
que se han desprendido de
tu propio irreversible proceso de entropía,
tus formas que nacen y se
descomponen
en una abstracción que
nunca llega a concretarse.
Fósil,
te sientes como el último
de tu especie,
una estirpe que surgió en
el pasado del nunca
y cuyos miembros no
buscaban poseerse los unos a los otros,
conscientes de ser
efímeros,
conscientes tan sólo de
sentir.
Sehnsucht © 2026 by José Ángel Conde Blanco
is licensed under CC BY-SA 4.0


Foto:
-Woman thinking #2, de David Lynch