jueves, 24 de octubre de 2019

La camada de monstruos



 
La camada de monstruos se nutre de aquellos
que desean ser reales,
cuerpos que asumen su deformidad moral
y hacen de su residencia el apartamiento,
viviendo en agujeros que son placentas
de la certeza del dolor.
Creo huir de ellos,
mi cuerpo aún recubierto del barro gris
con el que cubren a los que son excepcionales,
solidificándome como una estatua
esculpida por la ceguera.
Nadie es excepcional mientras siga siendo,
como mucho un muñeco que sueña.

Así me asiento en una visión de muros de ladrillos,
mis pupilas dejando girar
para que las visiones pasen a controlarme,
pasen a taladrar mi percepción
con su mecánica de imposición.
Así pretendo consolidar el estatismo de la insensibilidad.
Pero no puedo velar por siempre
y siempre caigo en el sueño,
y en mis ojos surgen las espirales
y en su periferia comienzan a recorrerme los insectos,
llenos de reproches,
hambrientos de pudrir mi carne de piedra,
reptando hasta formar una cadena
cuyos eslabones son remordimientos y deseos puntiagudos.

No corre el tiempo.
No hay nadie ahí fuera.
Sólo yo llenándome de instante.

Cuando soy un nido de ellos
mi cuerpo se sacude
como el del director de orquesta de su pretendida alma
y el cigarrillo deviene en varita
que hace un agujero negro en el aire de papel,
volutas de humo surgiendo como risas
materializadas en torno al centrífugo fuego concéntrico.
Y lo que hay en el agujero es dolor y también es vida,
o la alegría de saber que he muerto,
pero sin duda es lo que quería ver.
Licencia Creative Commons
La camada de monstruos por Jose Ángel Conde se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.


Foto:
-Ilustración de Bernie Wrightson para la novela gráfica Freak Show.




 

sábado, 17 de agosto de 2019

En la ducha


























En la ducha eres una muñeca,
agachándote y resplandeciendo,
la catarata en miniatura del agua
cayendo del destello del grifo
y haciendo surgir los dorados
en tu piel de porcelana,
cientos de diamantes
que cambian de forma
con tus ligeros movimientos.
Los ojos cerrados de cristal,
largas pestañas negras
haciendo sombras chinescas
hacia tus mejillas de seda,
llenas de extraños torrentes.
Tu boca me succiona
sin apenas moverse,
conceptualizando la humedad
en un instante,
y las perlas del agua de nuestros cuerpos
se mezclan...



Foto:
-Soft (Study) de Alyssa Monks






domingo, 21 de julio de 2019

Rendez-vous bingo








































                              1
Venus del metro explota el globo de chicle
pero el vagón ruidoso tapa el Boticelli.
Ahora adentro todos juntos
y a coger cada uno un sitio.
Encerrados en silencio en metal
bajo túneles de hormigón.
Una vez arriba, fuera, a la luz.
Ocupa el tiempo estudiando doctrinas,
llena los espacios de tus neuronas
con todo lo que pase por la vídeo-pantalla.
Luego sal, busca una manera de hacer algo.

Ya está. Ya lo tengo.

                              2
Probamos los cartones del subconsciente
en busca de un gran bingo
y empezamos a teorizar con hechos
sobre la superrealidad;
todo, absolutamente todo,
tiene una gracia tremenda
y me parece que si paramos de reír
nos moriremos al instante;
los vasos caen una y otra vez,
la gente ve cristales punzantes
saliendo de nuestras bocas,
pero lo cierto es que nuestras manos
pasan a través de las cosas como agua;
y te ríes, y esquivamos tus golpes
una y otra vez;
con el columpio de Rudyard Kipling
reventamos nuestras ingles
y nuestros cuerpos se acaban anulando;
la cabeza sale, explorando, explorando,
y llegamos a la Corte y al Palacio,
lo examinamos de cerca con catalejos
que creamos al salir de nuestra retina,
mirando como con microscopios interdimensionales;
la única iglesia que hay es un decorado;
nos crecen levitones y echamos a andar
y cuanto más andamos las personas desaparecen,
no existen los seres de ningún tipo
y calles, callejas, puentes, iglesias
se convierten en nuestras extremidades;
el ghetto de nuestra imaginación,
de los dandys de las realidades,
obeliscos, pirámides,
barracones de marines y bancos animales,
y un puente encrucijada entre el día y la noche,
en medio del cielo que es un helado de corte
con una noche a la derecha de chocolate y luna de nata
y un día a la izquierda sucio de contaminación.
Es un combate cósmico
pero no queremos ver el resultado,
así que nos separamos.

Publicado en el poemario Fiebres galantes:


Foto:
-UNDÖ The pills, de Simon Vinther Nielsen