miércoles, 19 de marzo de 2025

El polvo del sótano

  


El tiempo se estira y las horas desaparecen mientras camino por mi hogar. Una bebida se tumba verticalmente sobre mí, burbujeando con sus gases de forma obscena. Tampoco me responde, aunque no dejamos de mirarnos, autopsia de una coca-cola, dedos arácnidos repiqueteando sobre el vaso, la música de la ansiedad tejiendo una telaraña con que asir el tiempo o tan frágil que le dé la sensación de poder escapar. Completamente ebrio de existencia, sin conciencia, la luz del mundo se vuelve ocre y amarillenta cuando el infierno cósmico entra en la atmósfera, sus lámparas alumbrando mi techo, y lo que ilumina se vuelve oscuro, descompuesto en corpúsculos de luz demoníacos, como enormes bolas de polen que arden de cansancio ante los ojos, puede que sólo los míos.

Veo amanecer el fuego del interior del mundo, su magma encolerizado, entre la muchedumbre amorfa de un sótano. La abulia del propio cansancio me deja postrado, y cuando me despierto de mi letargo me voy obligado a atravesar una jungla de navajas. Un sueño todavía, y me retuerzo en la cama como una crisálida dentro de la que protestan sus raíces internas, creciendo, queriendo escapar de mí. Los huesos de una cucaracha aplauden sobre el suelo y mi conciencia sale en forma de niebla por mis oídos.

Ahí están, las palabras, como siempre hablando conmigo, conscientes de su necesidad e inevitabilidad, plasmación eterna del flujo incesante de los átomos de la vida corriendo por el pensamiento. Fuera, todas las otras palabras me resultan ajenas, ya nunca más son palabras. Forman parte de un espectáculo representado en un escenario que se monta todos los días para justificar la existencia de sus actores. En el marco ectoplásmico que mis ojos abren, encuadrando lo que ven, está la vida, pero yo no estoy. Yo estoy muerto, y escucho la historia que me cuentan las palabras y las ideas como gusanos descomponiendo mi mente. El aliento es frío. 

El polvo del sótano by Jose Ángel Conde Blanco is licensed under CC BY-SA 4.0



Foto: 

-Cadáver de niña transformado en muñeca por Anatoly Movskin (Ministerio del Interior de Rusia).

 

 



 

 

 

sábado, 22 de febrero de 2025

Nada de esto es para mí

 


 

Los que amamos el lenguaje del frío nos detenemos cuando los demás siguen andando, escuchamos los acordes del silencio y nos dejamos abrazar por la soledad, como muertos que respiran, siempre con un pie en el otro lado en el que nadie quiere entrar, incomprendidos por el miedo, que genera vaho en esta probeta congelada de sueños, vaho de personas sumidas en la sombra, la espiral de la ecolalia en nuestro rostro mudo.

Una música que sólo yo oigo es pulsada en el cielo por los movimientos centrípetos de las nubes, un piano gris que roba mi vida y mi conciencia de la tierra para hacerla perderse en el mar trazado en los contoneos de esos demiurgos gaseosos, centrifugando la percepción en sus burbujas llenas de verdad. La lluvia comienza a caer separando a las personas que van entremedias, su lenguaje de confusión, ya por siempre artificial contra el decorado de hormigón que se extiende por todo el planeta. Un infierno de pasos y caras, el ritmo automático de un hormiguero, chocando entre la desgana y la desconfianza. Obligadas a vivir, las personas llenan la calle, se cruzan conmigo sin saber por qué ni a dónde van. Mi sentido crítico me mantiene firme, porque soy el lado oscuro, la negación de todas sus débiles afirmaciones, lucidez que me mantiene solo, mientras siempre alguien huye de mí o quiere robarme. Avanzo, antes de que se lancen sobre mí, esperando a despedazarme o a romperme el corazón. Un cometa negro que encuentra sentido y fuerza cinética en carecer de ellos por completo. Siento como si esta ciudad fuese mi creación, por eso no temo el comportamiento de sus monstruos, pero sí el del que los ha ideado.

No busques sentido a las cosas. No pierdas el tiempo. Párate y tómate otro café, algo que te haga arder con un dolor nuevo que te distraiga del anterior.

No se puede vivir fuera de este mundo. Me aíslo, pero las personas acaban apareciendo como las señales en una carretera de la Ruta 666. La mística del aburrimiento consigue al final separarme de todos y ya nadie me interesa en absoluto. Me muevo de nuevo, sudando pequeñas gotas intermitentes de decepción. Soy el héroe de lo que no es, no existe, el inerte agujero negro sin campo de atracción, observando las vidas que hay en otros planetas a años luz pasando delante de mí, un conocimiento que nunca podré usar, el lema “nada de esto es para mí”. Fosco, clavado en las jarreteras de mis costillas, el esqueleto sonriente por debajo. No aspiro a nada; sólo a que me dejen en paz. Nuevas paradas en la inercia. Las personas siguen andando tanto que ya han dejado de ser distintas. Todas se han convertido en mi doppelgänger, inesperado pero necesario, y ahora soy yo el que me alejo de mi vida. En cualquiera de los bares del fin del mundo, cada bocanada del cigarrillo me afirma en mi aislamiento. Todos hablan a mi alrededor, aunque no entiendo lo que dicen, pero sí lo que piensan; puede que ellos tampoco, puede que generen un ruido que les haga escapar del silencio. Debajo de la piel del perfume todos los cuerpos huelen a cadáver. Prosigue el cráter en mi cabeza. El pinchazo tira de mi cerebro, lo quiere anular.


Nada de esto es para mí by Jose Ángel Conde Blanco is licensed under CC BY-SA 4.0


Foto: Pesadilla, de Stephane Blanquet.

 


 
 
 
 
 
 

domingo, 19 de enero de 2025

Gotas de cinabrio

 


 

La lluvia escribe impertinente sus letras

en el suelo amorfo del devenir,

sucediendo.

El tren de la rutina pasa cortando

la línea del horizonte de la existencia,

con un grito asíncrono,

detrás del ancho de banda del presente,

y las traviesas que unen el raíl por el que discurre

están hechas con las costillas de todos los hombres.

Esos hombres que se apilan unos sobre otros

en monetario orden,

siguiendo la regla de la cantidad,

la medida de sus células establecida

en una cuenta corriente,

desintegrados o integrados

según una asociación de unos y ceros.

Tras esta línea imaginaria terriblemente real

hay un espectro visible de seres que viven,

entre los que está tu cuerpo desnudo,

sudando ante el umbral siempre activo

entre la vida y la muerte,

arco que contiene tu expresión

entre el mundo y el dolor,

gotas de cinabrio recorriendo tu piel

para darte el brillo de la personalidad,

mientras la duda y la confusión

arden tras tu silueta

y un olor a cobre tan humano y angustioso

lanza un conjuro hacia el espacio

mientras te quedas en el fogón de mi recuerdo,

donde los números no sirven

y las cenizas llamean de actividad,

luchando por no apagarse

en el microcosmos quántico del pensamiento.

Gotas de cinabrio by Jose Ángel Conde Blanco 
is licensed under CC BY-SA 4.0



Foto:

-Sentient, de Zoh Lym.