miércoles, 21 de julio de 2021

Primavera post mortem

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




Encuentro paz en las tormentas,

en la alquimia de su sonido lejano que se aproxima,

de sus luces efímeras naciendo del cuerpo gris del aire,

un diálogo absorbente entre lo centrífugo y lo centrípeto,

entre lo que acaba y lo que empieza,

la sístole y diástole de la niebla vaporosa

que rodea y contiene al mundo,

la lógica del latido sobrehumano.

Son los ruidos que escucho fuera de la vida,

los sonidos que golpean con su sinsentido

mi estado de perpetuo estremecimiento.

La sensación de lo erosionado me envuelve,

como el descomponerse invisible de una montaña,

audible en las vidas que a mi lado pasan,

cuerpos hechos de cierta roca huidiza.

Es aún más intenso con las mentes

o los hilos internos que sustentan las piedras,

telaraña frágil de tiempo y deseo

que se escapa a medida que se teje.

La vida pasa o es el aire

entre los dedos de una mano supuestamente abierta,

el aire agrietando una piel que envejece y que es una corteza terrestre,

cuyas playas se mueven generando arrugas que lloran.

Se desprende el olor a metafísica como una primavera post mortem,

y no importa que pase de una puerta a otra,

de un vagon a otro en un tren que no se detiene,

si las paredes me encajan en la inmovilidad,

en la oscuridad del que no cierra los ojos para ver a las sombras pasar,

del que no duerme porque sabe que no hay mañana.

Sigo creando acurrucado en mí,

como una rosa antinatura huyendo del amanecer.

No es luz que quema,

es el ser.

 Licencia Creative Commons 

Primavera post mortem por Jose Ángel Conde se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional

 

Foto:  

-Ghosts #01 de João Ruas.



 

 

 

 

 

domingo, 18 de abril de 2021

Aliento



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Me ahogo fuera de la resaca

de lo que fluye general,

me dispongo a sentir

lejos del remolino de personas,

actos extranjeros y ajenos,

saturado de su agua espesa y simple

que forma rocas de tedio,

barreras para mis alas invisibles

de demonio o ángel loco

que sólo quiere sentir a solas,

que sólo quiere sentir junto a quien siente.

 

No sé de qué está formada mi isla cósmica

ni sé de dónde vienen mis tatuajes de defensa,

gestos y palabras de sombra

ocultos al sentido de sus pasarelas racionales.

Tengo mis dedos genésicos

dispuestos a formarte con mi pensamiento,

seas lo que seas,

y surges aquí donde eres más real,

porque mi mente lo es todo

y todo lo que es pensado

es todo lo que existe,

no hay nada más,

y así tengo mi paraíso de ideas,

y así gozo de mi país fantástico,

sentimientos que son energía,

partículas fabuladas,

y así siento otra vez esas corrientes eléctricas,

surgiendo otra vez de ese núcleo incomprensible,

surgiendo de ese vacío que da forma a todas las cosas,

fluyendo en la real materia intangible

para parir constelaciones de formas,

para formarte y así comprenderte,

sin entender de dónde provienes,

sólo dejándote salir desde dentro,

vacío en el que tú te meces.

 

Vacío de tu aliento

que expulsa la palabra que te nombra,

que viaja hasta mis labios para que pueda oírla,

niebla fresca que despide tu piel

y solidifica las dudas

apartándolas en una música cristalina

en la que vuelan los sentimientos celestes,

oxígeno para el extraterrestre herido

que traduce sus caricias imposibles

en la lectura de los libros de mi boca,

páginas que espero sepas leer

porque no puedo decirlas de otra forma,

un mensaje que quiere decir tú y yo,

un mensaje que nos define

elaborando la gran pregunta del ser

y que se enuncia con las alas de las palabras

que hacen flotar más allá de los cuerpos,

en la realidad,

en el término más abstracto y cariñoso,

“te quiero”

mezcla de miedo, estupefacción y extrañeza

procedentes ahora de tu rostro.

Puedo ver el gas y los átomos

que forma el baile de corpúsculos serenos

que nadan en el aire creando tu rostro,

un beso de silencio,

unas facciones que son una voz

expandiéndose a todas partes con el aire,

princesa de tu propia atmósfera

en la que espero que me contengas,

asfixiado en ti,

como en el vientre de una virgen cariñosa,

desinteresada de su alma y de su cuerpo,

feliz de estar viva,

embarazada de posibilidades inmaculadas

y yo feliz de saberlo.

 

Sigo viajando hacia ti,

volando en nubes de amor,

en un mundo donde no hay suelo

y en el que puedo flotar a tu alrededor.

Quisiera estar dentro,

viajando en tu voz,

viajando en el cielo de tu sonrisa,

donde tu dulzura me convierta

en polvo invisible que te pueda acariciar

sin alterar ni un átomo de tu estructura,

de forma y de pensamiento.

Sólo te pido que me dejes mirarte

porque no me atrevo a cambiarte,

sólo quiero saber que existes

porque quiero saber que estoy vivo,

en un lugar concreto

donde las sensaciones no son impuestas

y viajan en cada bocanada de aire.

Aquí,

en este mundo,

es donde late mi corazón.

Sólo te pido que no te vayas,

sólo te pido que te quedes aquí.

                              Licencia Creative Commons
     

 

Foto:

-Medium Stanislawa P. de Albert von Schrenck-Notzing.



 

 

 

 

domingo, 7 de marzo de 2021

Funeral vikingo para Triskel Ediciones

 

 

 

Las distopías encuentran su razón de ser en aniquilar todo aquello que aporte creatividad y libertad a las sociedades. Esta que vivimos ahora no iba a ser menos, cebándose con especial saña en el sector de la edición de libros. Siguiendo esta política de entropía cultural, el próximo mes de abril, irónicamente (¿a drede?) el mes de la oficialista Feria del Libro, nos dejará una de las editoriales independientes más valientes y decisivas en eso que se ha dado en llamar "boom" de la literatura de género (fantástico) (no sólo) española: Triskel Ediciones.

Una aventura como la que emprendieron hace ocho años Pablo Campos y Rafael Velis (en riguroso orden alfabético, debido a su simbiótica labor) se comienza sin saber si la gesta tendrá buen final pero con la conciencia y el arrojo de la necesidad de emprenderla. Desde el principio tuvieron una línea editorial muy clara, la cual puede que incluso haya sido la causa última de su desaparición, en estrecha relación con la actual coyuntura (miseria) económica: publicar exclusivamente obras originales en castellano, decisión que han mantenido hasta el final, mientras que muchas otras editoriales que presumían de ello enseguida se lanzaron a publicar bestsellers en cuanto le vieron las orejas al lobo de la pandemia.

La literatura española en general y nosotros lectores/autores en particular no podemos dejar de agradecer que Triskel emprendiera esta misión suicida. Gracias a ello un buen puñado de autores prácticamente desconocidos tuvieron oportunidad de, o bien publicar sus operas primas, o bien poner en el mercado sus obras más arriesgadas. En ese sentido y a título personal tengo que decir que fueron especialmente osados a la hora de decidirse a publicar una novela tan demencial y compleja como Hela, cuando su autor ya contaba con que nunca saldría de la profundidad de un cajón (físico o virtual). Sin ese esencial impulso puede que ahora estuviese escribiendo todavía para mí mismo y sin embargo gracias su equipo he conseguido pisar por primera vez eventos y convenciones como la Hispacon o la Feria del Libro.

Pero Triskel no se quedó ahí, sino que, en un alarde de extrema generosidad cultural, también organizó talleres y seminarios para fomentar la literatura, como Literágora; fue una de las primeras editoriales españolas en apostar por el libro electrónico; promovió la integración y el trabajo conjunto de editoriales independientes a través de distribuidoras como Soidem o Mala Hierba; editó la antología temática de cuentos fantásticos Atrasis, que en sus tres ediciones dio voz a las obras de un buen puñado de autores noveles; y, sobre todo, instauraron el Premio Ripley, una necesaria iniciativa que difundía la literatura fantástica escrita por mujeres y que, en sus cuatro ediciones, se saldó con la publicación de tres exitosas antologías de relatos y una novela.

Y qué decir de la cantidad de autores que han salido de sus imprentas. Ahí van unos cuantos, a los efectos buena parte de toda una generación literaria: Javier Miró, Diana P. Morales, Bruno Puelles, Alicia Sánchez, Darío Vilas, Marc Sabaté, Concepción Regueiro, Charo Jiménez, Marina González, Gisela Baños, Elena Tejedor, Inés Bortagaray, Yaiza Carrasco, Andrés Pérez Domínguez, Amparo Montejano, Alejandro Luque, Celia Corral Vázquez, Rafael Alcolea Harold, Miriam Iriarte, Nacho Morejón, Covadonga González-Pola, Beatriz Esteban, Alicia Pérez Gil, etc, etc, etc. En lo que me toca siempre recordaré el trato humano y sincero, así como el seguimiento y apoyo que Pablo y Rafael han tenido siempre conmigo y con todos sus autores, actitud que, os puedo asegurar, no es la norma sino una honrosa excepción.

Por todo esto (y seguro que mucho más que me olvido) Triskel Ediciones se va con la espada bien en alto, pues ha plantado batalla en un campo hostil y ha regado la hierba con su coraje, el que servirá de necesaria referencia para los que vengan detrás. Por eso no estemos tristes, sino alegres por la hazaña lograda. Hagamos por ellos un funeral vikingo.

¡Larga vida a Triskel Ediciones!