No copiar
las lágrimas de afuera;
son
conglomerado estaño que nunca se fundirá.
La
condensación está dentro,
siempre
esperando leer nuestra emoción.
He notado
planetas moviéndose en nuestros abrazos;
probablemente
fuéramos nosotros.
Dividida en
moléculas no se te podría explicar científicamente
y siempre
habría algo, dando esencia al conjunto,
un algo que
se adivina en la forma de tu cara y de tu cuerpo,
el de una
niña que nace constantemente.
No temas al
tiempo;
los años
hacen perdurable tu belleza.
No sufras
por tus fallos y tus dolores;
si a veces
tus ojos tienen nubes como las que yo te puse
que sepas
que todos tenemos un cuerpo que puede volar
con el
motor de los sentimientos.
Te elevas
en cada sonrisa,
brillas en
la oscuridad
con
estrellas moviéndose en un río que cae desde tu boca
y tu saliva
fluye por mi boca con esa corriente por dentro
que busca
mi alma para abrazarla
y yo siento
el roce de la tuya,
la
filosofía de tus manos,
más allá
del movimiento irracional de la carne,
y comprendo
el encanto imposible que deja la estela de tus caricias.
Es todo
esto un dolor que siempre existe,
lejos o a
tu lado,
y que me
hace estar dentro de la vida.

Jeroglífico por Jose Ángel Conde se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.
Foto:
-Death and the Maiden, de Denis Forkas Kostromitin