domingo, 17 de marzo de 2019

Frío púrpura






















Los dragones están solos
y se comen sus lágrimas de fuego.
Tengo el alma aguda de un finlandés
y escucho el frío púrpura borboteando en mi interior,
protegido del goteo de los días,
un bello cuerpo inexpresivo
apretando los puños sobre mis lágrimas de hielo,
dejando que sólo sean para mí
y deseando que se mezclen con los diamantes
de la única que me oye llorar... 
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Foto:
-Fotograma de Twin Peaks. The return (2017), de David Lynch y Mark Frost




 

lunes, 25 de febrero de 2019

Susurros de tierra






































Estrella nerviosa que no deja de moverse entre el resto de cristales,
ansia a veces cortante coqueteando con los trópicos del cinismo
pero buscando en todo un placebo para la vida
mientras paso tangencialmente mis dedos por ella.
Patios de locuras surgen intermitentes
donde dar infinitas vueltas en paranoicas paredes de semidescanso,
necesidad de articular otros mundos.

Entremedias se tejen casi imperceptibles
Sufrientes tejidos de belleza.
Extraños musgos, extrañas flores,
el interior de tu cuerpo como respuesta al origen de tu calor.
Minuciosa
coges los restos de estrellas de antiguos momentos
entre tus dedos infantiles.
Sé que te susurras a ti misma
para tranquilizarte en medio de tu vida,
sin que los años atoren los suspiros en tu pecho,
que sueñan no quedarse solos ahí dentro.

En mi oscuridad te sueño.
Esperar que el tiempo caiga como granos de arena
hasta formar una nueva tierra, una piel con todas nuestras capas.


Foto:
-Hoolie Alchemical POORtrait, de Steven Johnson Leyba




 

jueves, 17 de enero de 2019

Nuevos grados de existencia






































Nuevos grados de existencia,
nuevas clases de frío.

La prosperidad es el desarme,
la moral es ahora la recarga
adaptándote al lenguaje
del nuevo organismo creciente.
La belleza era antes la armadura
mostrando princesas incluso entre los guardias.
La soldadura la derrite,
cambiando la temperatura.

El frío viste la conducta
y las mandíbulas escupen chispas
en la fricción dolorosa de las conversaciones,
moviendo la estructura simbionte
por situaciones prototipo
mil veces repetidas por siempre,
tu futuro de años-luz,
tu presente eterno
de realidad cibernética,
en el que todas las relaciones sean circuitos
libremente controlados por la no-inteligencia.
La lágrimas no existen
o son tornillos como junturas
de la cara artificial,
mientras pruebas el amplificador
con conversaciones hacia el espacio.
Programa de existencia activado.

Acaso la nieve sea la carne pródiga,
la única que queda
en unos círculos polares imposibles.


Foto:
-Kissing the Sun, de Jacek Kaczyński





jueves, 20 de diciembre de 2018

Atmósferas







































Navegas por las atmósferas clavada a mi frente,
un mástil de silicio confuso
rompiente de mares gaseosos de piedra,
estrías de pesadillas autoinducidas
clavándose en mi cabeza como estalactitas
hacia una caverna siempre interior.
Las neblinas acuden como sueños,
drogando con gases imaginativos
los cráteres nebulosos de mis ojos confundidos,
mientras las nubes pasan dentro de mí
y  a través del aire de la estancia gris
vuela el aceite de tu saliva hacia mí,
anheladora y obsesivamente quieto en todos los rincones,
acariciándome con su ondulación de objetivos,
untándome con su barniz de esperanza,
haciéndome hervir como humo por encima
de los calderos subterráneos de obsesiones.
Pienso como un cráter de sedimentos de locura
que ponen límites y monstruos en todas partes,
me autoproclamo prisionero de mí mismo
amurallándome con rejas de miedo y desconfianza
cuando el ruido torturador sólo se marcharía
si consiguiera abrir mis brazos gaseosos
y abrazar el cuerpo de la niebla.

Te presento y te formo con otras formas,
bajas y pasas de largo con otros cuerpos,
monstruos que me arañan o me acarician alternativamente,
copos de piedra que no tengo tiempo de percibir.
La esencia es sin embargo suave,
cambiante pero única
como la mónada sexual que está dentro de las formas de las nubes,
con sonriente arrullo dando luz a sus hijos informes,
con la belleza primaria de lo involuntario,
un ejercicio de genética cordial hacia todo lo que tiene existencia,
cerca, lejos, cotidiano o nunca visto,
como un cuerpo de mujer almacenando sueños
en una dimensión de vapores amantes.

Es cierto que tienes todos los nombres
y así resuenas haciendo sangrar mis laberintos,
pero la verdad es que basta con uno sólo
que entre sin permiso en esta cueva de delirio humano
y se convierta en eco de sí mismo.
No importan las paredes que conformen mi estructura,
no importan los átomos sólidos
que bloqueen como minas la realidad y la esperanza,
tan sólo necesito el sonido ahí fuera,
reverberando con el azar de una pluma enamorada,
tan sólo necesito oírte.

Tu vello te ata a mi planeta
y me permite acariciar los suaves tallos
que unen tus vibraciones únicas a la Tierra.
Aquí me sé por unos momentos,
fuera de los tornados mentales,
y tus manos me hacen tocar mis manos,
tu piel me hace sentir la carcasa de mi cuerpo,
tu aliento me hace respirar
y tus ojos encienden las descargas eléctricas,
fluyendo por conexiones procedentes de dinamos solitarios,
espesas fábricas de pensamientos autoinducidos
que ahora se saben en un nuevo recipiente,
que delimito y analizo con mis caricias.
Los límites se muestran confusos e inalcanzables
y renuncio a aprehenderlos cuando vuelo
por tu llanura de piel hacia tu pecho,
latiendo con dos soles de tibia astronomía,
haciendo elíptica entusiasmada
sobre la sorprendida forma que me envuelve.
Tu respiración genera la atmósfera
dentro de la que palpita nuestro abrazo,
física de sexualidad necesaria,
movimiento conformador de volcanes y glaciaciones sonrientes
instante que abstraídos serían edades de sudor y escalofríos,
el mundo entre nuestros lívidos brazos,
el interior del astro de enlazadas extremidades,
la gravedad hacia nosotros mismos.


Foto:
-Ilustración de Virgil Finlay para The crystal man




 
  

lunes, 26 de noviembre de 2018

Vamachara






















“La última y más controvertida forma de Sri Vidya es la práctica Vamachara. Los devotos de Vamachara son los grupos que se encuentran en cementerios y campos crematorios y que ven a la Diosa en su forma más terrible y espantosa. La idea es trascender incluso los más brutales y repulsivos aspectos de la creación, de la humanidad, de la realidad.”
Peter Levenda, “The Dark Lord. H.P. Lovecraft, Kenneth Grant and the Typhonian Tradition to Magic”

 
No quiero volver a comenzar nada.
Qué hermoso sería el morir consumidos el uno junto al otro,
si por el fuego o por el tiempo…
es irrelevante.
Escapar por fin de la mentira de dejarnos esclavizar por lo inútil.
Hay que rendirse a las evidencias,
aceptar y gozar el olor a muerte de tu interior,
donde los crisantemos se descomponen
y los gladiolos asoman desde las paredes
de tu túnel intestinal.
Mis dedos se hunden en tu piel pringosa
cuando me atrapas en el frenesí de tu vaivén
hacia ninguna parte,
la oscilación de tus pechos acartonados
uniéndose en el eje de tu ombligo,
la bisectriz donde tu aliento absorbe el mío
y lo narcotiza con la desesperación de tu madurez,
esa vibración de partículas que agonizan
y que te hacen tan hermosa,
mientras vivas.
Llorando resina,
sentimientos desgastados que se resisten a fluir.
Está mal visto envejecer
en un mundo que ni siquiera ha nacido.


Foto:
-Fotograma promocional de la película Nekromantik 2 (1991), de Jörg Buttgereit