sábado, 15 de julio de 2017

Tao contemporáneo






































Solo en la soledad,
en una proporción de uno a infinito,
la turbación me hace temblar y las preguntas producen el desenfoque de la vida.
Entonces veo a las personas fuera de su conglomerado,
lejos de la masa metálica de ruidos y colores
que todos aceptan sin preguntas.
Entonces los observo en planos,
separados en su belleza de abejas perdidas,
cantando una canción de tránsito y búsqueda a la vez
que se esconde en su interior desesperada y falsamente móvil
pero con el mismo estatismo de paredes interiores
que todos buscamos abrir.
Por eso a veces, en medio de nuestra jornada,
hay un drop de lágrimas
y las imágenes dejan de mezclarse y por un momento sienten
en una sola.
Siento el calor muy cerca, tu cuerpo camino del tiempo.
Llevamos hablando desde el principio, sin parar,
cogiendo las palabras con la boca.
Te mueves cerca y lejos de todo,
viajando en la sustancia inmaterial que cambia de forma constantemente,
generando el gen distinto
que anima incomprensiblemente cada rostro
sin saber de dónde procede,
dando existencia a un conjunto de partes corporales confundidas
al nacer de repente en ellas la emoción.
Sigo sin saber quién eres,
mientras giras en espiral en torno a mi pupila,
hablando con corpúsculos de luz
que juntando los instantes y las cosas
me pintan el paisaje que tengo que ver.


Foto:
-Night, digital art de Alexandra Khitrova





 

martes, 20 de junio de 2017

Caída





































Confusa música de jazz del vagón de metro
que llena otra vez mi cabeza con su reprimenda negra,
sólo entendible para mi córtex interno.
En la parada de mi deambular,
pisando una a una todas las monótonas estaciones,
me observo reflejado en la oscuridad,
mi cara un zarpazo definitivo marcado por mi mano en la piel de mi cabeza.
Las Disas descansan en sus pechos de madre,
las promesas que su esperanza confundida duda en darme,
estrellas brillando en los pezones de sus piercings,
mis bellas joyas mundanas.
Las espaldas se me ofrecen como hormigueros de columnas
que erigieran un templo de objetividad en el que encerrarme.
Afuera de todo esto vuelvo siempre y caigo,
y caigo contra el suelo,
sin metáfora ni posible moraleja,
contra la mismedad del mismísimo suelo,
como respuesta a mis discusiones casi mortales con la ebriedad.
Al levantarme de la corteza de acera
los cráteres marcan agujeros en mi rostro
donde poder leer o introducir las experiencias,
y así con esta nueva cara tomo posesión de este planeta,
para darle la forma y el color que no poseía.


Extraído del poemario digital Feto oscuro, publicado por GROENLANDIA.
Disponible en los siguientes links:


Foto:
-Viñeta de la novela gráfica Sin City, de Frank Miller



 


martes, 25 de abril de 2017

Paso estigio
































Ando por el mundo con paso estigio
y he comprendido que el amor es el infierno necesario,
una mariposa con cuchillas como alas
que surge en el beso de los amantes
cortando sus labios para crear una sangre
que alimente con ceguera luminosa
el nacimiento hacia el otro lado de los cuerpos
cuando los miembros son mutilados de deseo
para ser mejor sacados de sus cadenas,
y los restos de los cadáveres así carbonizados,
una fundición de llamas que en su nueva cópula de muerte
crean un paisaje encendido,
más allá del hilo de aluminio transitorio,
la sonrisa de dos cuerpos eternamente ardiendo.



Foto:
-"The fallen", de Sophie Jodoin 





  

lunes, 27 de marzo de 2017

Pájaros soñados






















 
  



 
Escalas dos pulgadas
metiendo los dedos entre los cubos de percepciones
que conforman la superestructura de la realidad.

Intangibles polígonos de sucesos
agrupándose en un damero de tiempo,
trozos que han caído del cielo para formar serpientes de ruinas
que te rodean sin que sepas si se volverán a recomponer,
una masa de ideas que avanza por el gris a medida que siente.

Hay agujeros interiores,
nichos como emboscadas de la mente en tu camino
donde las botas oscuras que lo andan se tornan ataúdes.
Los sueños y las pesadillas carcomen los bloques primigenios
del muro descompuesto de todos los días
diciendo que se puede rascar a través de su supuesta solidez.
Los gritos caen como pájaros muertos de mi boca,
atado a la cama de mi absurdo
pero con una estela castaña dibujando
aerosoles transparentes más allá del aire,
labios que abren otros caminos
cortando el polvo de lo que vivo,
nébula de sueño.

Despierto.
Las lágrimas caen volando por el cielo del absurdo
como los pájaros que podían haber sido.
 
Foto:






 

martes, 14 de febrero de 2017

Angustia de niebla





























Los años de creación van transcurriendo
surgidos con el resplandor de mi primera lágrima adulta,
antorcha arrebatada a los posos petrificados de la inocencia,
van corriendo como un río de fuego que se va derritiendo
para que su liquidez me permita coger sin quemarme
el sudor del origen innombrable que los va pariendo,
un caliente río amniótico sin origen ni destino conocidos
pero cuya composición química tiene un sabor
que se parece al mío después de haber besado el tuyo.

Siempre preguntas y no constancias, preguntas que buscan solidificarme
escarbando las respuestas en el sufrimiento de la congelación.
En esos momentos no observo la vida y me paro y me estanco en mí mismo,
duro y opaco para el fluir humano,
los pingüinos oscuros que habitan las neuronas
picoteando la corteza de mi glaciar craneal,
creando una angustia de niebla,
vapor de agua de la melancolía escapando del tacto imposible de la desesperación,
en esa noche del norte donde acaban todos los mundos,
sobre todo el mío,
donde nadie me puede tocar.

Entre las pausas de las elipses de los cambios de tantos planetas, sociales o físicos,
los amaneceres levantan mis párpados para que mis manos se crean
rayos de los astros que conciben en el sudor de su eterna mañana sexual.
Sin preguntas, porque respiramos,
la muerte blanca llama a la vida ocre.
El sol hunde sus dedos en la corteza melancólica de mi cuerpo,
provocando una agradable ceguera ante todo lo que veo.
El amanecer que se produce, en imprevistos entretiempos del fluir,
no está tan lejos, pues se esconde debajo de tu gabardina,
en tu cuerpo que sonríe, una armadura de tela oscura
que te protege de las nieblas grises de los cuerpos que te rodean
mientras andas por los hilos de calles rocosas, manchadas de humo,
laberinto diario al otro lado del cual podemos encontrarnos.
También puedes o podemos desaparecernos
mirando nuestro rostro reflejado desvanecerse
en el vaso de cristal que sirve de rompeolas al alcohol,
ese anhelo de tiempo artificial detenido,
operando el falso milagro de robar nuestra esencia a la habitación
para introducirla dentro de la botella.
No sé dónde miro,
pero las ventanas palpitan con latidos de luz
que tornan los cristales en diamantes que hablan,
diciendo a mi gris cuerpo y a mi habitación
las infinitas posibilidades de salir a la calle.
Con la pluma limo las rejas de esta casa
para dibujar fragmentos de lo que puedes ser,
trozos de anhelo que reparto entre túneles y tugurios,
pedazos de gente para componer un gran cuerpo, celeste o no,
pero en todo caso carne amorosa.

No tengo palabras, por eso para buscarlas sigo escribiendo.
No te tengo a ti, por eso para tenerte sigo viviendo.
Inútil o muerto, sigo en el corazón del sueño,
y a veces no me importa si no te tengo y pasas de largo,
cuando me basta con el vuelco en el corazón que me produce soñarte. 


Extraído de "Feto oscuro", poemario digital publicado por GROENLANDIA.
Disponible en los siguientes enlaces:


Foto:
-Fotografía de Salar Kheradpejouh





miércoles, 11 de enero de 2017

Alegría triste





























Tengo una alegría triste
que me habita como un humo sólido,
un vaho que flota sobre todos mis órganos
y acaricia mi cerebro con su pasión.
Nuestra sangre es gris y blanda,
transparente y suave,
y dirige nuestros movimientos
y tiñe nuestros pensamientos
afirmándonos que estamos vivos.

Andamos firmes y oscuros,
secos por calles húmedas inundadas de gotas
que no mojan nuestra solidez,
la dignidad del triste
que avanza solo entre los acompañados,
que habla sólo con su propia soledad,
las nubes arañándose unas a otras en un masaje gris,
tapando la luz que sólo conocemos de memoria
pero que nunca olvidaremos
porque navega en esa niebla interna,
en ese vaho que ya te he dicho
y que nos tapa como un pantano firme
mientras oímos sus notas sobre la estratosfera,
la música del mundo tosiendo tras la tapadera,
y nuestro suave humo las añora.

Movimientos lentos,
pocas palabras,
sonrisas indescriptibles
más allá de la alegría,
y silencio,
y muchas miradas,
miradas sobre el mundo tras una capa acuosa,
intentando andar
siempre delante de nuestras lágrimas.

Yo, oscuro,
siempre a punto de caer y dejarme flotar
en el algodón de la esperanza,
el cuerpo suave de tu recuerdo.

Tú, azul,
labios rojos sobre piel blanca,
realizando tu trabajo de separar mente y cuerpo
para respirar esa niebla.
ese frío que bese tus mejillas,
húmedo y sin condiciones.


 Foto:
-Fotograma de "La chica de la fábrica de cerillas" (1990), de Aki Kaurismaki