jueves, 28 de abril de 2022

Desastralizado














 

 

 

 

 

 

 

 

Al ritmo de este aliento confuso

las nubes se agolpan para cubrir el cielo,

ocultando la tiranía del sol.

La metafísica se paraliza

en una condensación entre la vida y la muerte,

el espectro electromagnético del ser.

Fluctuamos en el aire plastificado

y en el crujido de las olas del viento.

El oxígeno vacía todas las estancias

y los humanos cuelgan húmedos de paredes ciclópeas,

soplando un simún de carne desecada

a través de las calles de una Babilonia de estatuas

arrancadas a los antiguos corazones.

Reencuentro con los pasos,

andando debajo de la atmósfera

de un planeta en el que tengo que habitar,

un meteorito con amnesia

que suelta polvo cósmico al andar.

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Desastralizado por Jose Ángel Conde 
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Foto:
-Ilustración de portada de Philippe Caza para L'oreille interne (1981),
 traducción francesa de la novela Dying inside, de Robert Silverberg.  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

domingo, 6 de marzo de 2022

Dimensión albina

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Delirio,

imprevisible viaje al planeta de la indiferencia,

los contornos salvajes de las Harpías

se esconden en los que desesperamos,

embotando mis oídos espirituales,

llevándome hacia un campo gravitatorio

donde sólo rige el magnetismo ambiguo de la confusión.

Soy así un bloque de hielo que contiene la tormenta,

como esas bolas de juguete contienen una nieve en miniatura,

igual de fascinante,

igual de bagatela.

Ser pálido de más de cuatro letras similar al vampiro

que busca su alimento entre los manglares nocturnos de seres humanos,

sus miembros de carne retorciéndose

con un embotamiento ávido de placeres

que debería ser hermano

pero entre el que me escurro y navego

como una presuntuosa anguila al borde de un coma blanco.

Porque en mí todo se apaga

y sólo se extiende una dimensión albina,

transparente muro que me separa de todo

incluso cuando lloro alcohol,

incluso cuando mi pulso se acerca al del muerto

que no quiere existir.

Pero el eco de mi respiración,

lejos de darme la explicación que supondría la unidad,

genera una estática de distorsión que es mi eterno terremoto,

fluyendo por la tectónica de mis cromosomas,

dispersándome en partículas que no soy capaz de reconocer,

imposibles de medir,

la vibración cuántica de mi consciencia.

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Dimensión albina por Jose Ángel Conde se distribuye bajo una 
 
 
Foto:
-Touch me I'm sick de Wee F
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 

domingo, 23 de enero de 2022

Larvas en vaso

 

















 

El enigma vago de un vaso de cristal

que nos mira como un iceberg,

indiferente a lo que somos y a lo que puede darnos.

Una marabunta criogenizada en ataúdes de hielo,

la humanidad,

rechazada por su planeta ártico.

 

En las tapas de mi cuaderno brilla la escarcha

que surge de mi melancolía.

Cuando miro a cualquier parte mis ojos escriben

como hace tiempo las lágrimas en mi rostro.

La frialdad pretende también escribir ensayos de conducta,

imponerme su lógica mientras reflexiono

dentro de la nada autoimpuesta de estas paredes,

el oxígeno un compañero que quiero rarificar

para dar forma a mis ideas,

la fraternidad eterna de la energía contenida en el gas.

La fiebre ha pasado con su fugitiva condensación,

la única lucha interna que nos queda a los torturados de alma,

contrapunto al embotamiento de lo cotidiano.

La abstracción me provoca dolor

pero ya es imposible dejar de pensar.

Atractivos cubículos de hielo personales

que nublan nuestros hálitos de soledad y miedo,

ya no un derecho sino un aberrante deber

dictado desde la nada que siempre ha querido tragarnos.

No me obliga ese abismo

porque prefiero la parálisis a la caída,

la sabiduría del tedio y la política de la contradicción.

La risa de los locos procede de una saliva

que emite destellos dorados en la oscuridad.

No sabemos lo que somos

si no yo no huiría de vosotros,

cansado de no poder amar

que es lo mismo que amar demasiado,

binomio del sentimiento.

 

Caja en la que me muevo

levantada con vuestra madera organizada,

pero sus anillos internos,

robados e inconclusos,

no delatan al árbol del que proceden

y me enredan en vuestras ramas hambrientas,

sin rostro.

El cielo inclinado,

dividido en capas inciertas,

telones gaseosos hacia los que suben nuestras migajas,

en descomposición y deconstrucción,

quién sabe si para crear nuevas formas que nunca veremos.

Detrás del cuaderno,

el miserable que pretende huir de la mudez

extiende sus labios de tiza,

creyendo que los borrones que traza en las paredes de la realidad

pueden constituir un mensaje.

Es un pelele superfluo de temblorosa respiración,

dudosa y aterrada de estar viviendo,

un despojo lleno de letras

que se agolpan dentro de su cuerpo como alfileres,

llenas de dolor pero vacías de sentido.

Tozudo,

el hombre de paja sigue respirando

como una ofensa al mundo y a sí mismo.

Vivo,

asquerosa y obscenamente vivo,

siempre a pesar de todo.

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Larvas en vaso por Jose Ángel Conde 

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Foto:

-Posición fetal de Ben Tolman  

 

 




domingo, 28 de noviembre de 2021

Teoría del hielo cósmico

 















Pasado el deshielo,

los átomos de oxígeno que nos forman,

dispersos antaño al regresar la traición estacional de la fusión,

bailan con los latidos de la física entrelazándose y enamorándose

para formar el bloque de hielo que se asienta esperanzado de solidez

sobre el sudor telúrico de la angustiada fiebre de la corteza terrestre.

Ya ha pasado la estación en que la melancolía del suelo

era contestada por el cielo con lágrimas que dispersaban

las hojas de los árboles,

surgiendo como evaporación del dolor terrestre.

Sus pétalos cubrieron el suelo con un desorden que reflejaba la culpa,

ensuciando las aceras con el arrepentimiento,

saliendo en destellos de las miríadas de fragmentos vegetales.

Tiempos de condensación siguieron a la resaca de tristeza,

en los ojos de la tierra,

y la caricia de gases reconciliadores fue secundada por la nieve de perdón

que cegó la vista de todo lo conocido.

 

Hoy,

al día siguiente de esa reiterada cosmología,

se ha formado el glaciar que es frontera de cielo y tierra,

un iceberg de sentimientos que lo une todo.

Y yo lo observo como si mi amor se reflejara en un espejo,

y mi esperanza viaja por todos sus pliegues formando un rostro de nacimiento,

un eterno bebé de hielo

que sonríe extendiendo los brazos con unos ojos rasgados,

donde dos planetas me dicen que podemos estar juntos,

el hombre y la princesa de nieve comprendiendo los cristales que los forman,

mientras el clima alrededor nos envuelve.

 

La mujer es blanca como lo que está por escribirse

o como compendio de todo lo que se ha escrito,

una delicada superficie de neutralidad cósmica.

Sobre su piel de hielo destellan leves ríos de venas azules,

formando una geografía de agua condensada con sus experiencias,

ampos complejos,

átomos de sentimientos que se enredan para formar una corriente amatoria interna.

No se sabe dónde está,

tan sólo escucho su respiración a través de mi ventana,

abierta al paisaje interrogante del invierno.

 

Entonces me detengo como una glaciación,

estableciendo un clima propio que me lleve hasta ella,

sin pasar por los microclimas falsos del deseo.

La cristalización de lo que somos viaja como una escarcha invisible al mundo

pero superpuesta a él.

No la espero ni la quiero porque sé que su viento me penetra

mientras siento los edificios y las aceras cubrirse con un sudor blanco

y los tornos de las estaciones de metro crujir con un azúcar duro,

más allá de lo humano.

Mientras las llamas se consumen, retuercen y disipan

disfrazadas con abrigos de diseño,

comprados y renovados para intentar apresar lo que se escapa,

la muchedumbre de lo fugaz,

mi mano se congela y petrifica en lo que toco

y el aire entra en mis pulmones como una manta rarificada

que cubre mi alma,

otra alma formando una atmósfera sobre la mía.

Nuestros hielos eternamente respirados

en la elíptica de un constante hálito inexplicable,

los ojos fundiéndose estáticos en un infinito paisaje blanco.

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Teoría del hielo cósmico por Jose Ángel Conde 

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Foto:

-El genetista de Hector Pineda