sábado, 11 de noviembre de 2017

Esqueleto del aire






































Paridas en colmenas de edificios
nuestras vidas son ahora escupidas fuera de las aceras
para seguir un falso éxtasis de ruido
y circuitos de cables que querrían ser venas
regando a nuestro cerebro imágenes cuya inexistencia
astilla nuestros ojos,
estímulos con envoltorio que buscan derretir las memorias.

Se entiende que el alma se fracture,
al menos una vez cada dos meses.
Las uñas son la única piedra que me agarra
buscando siempre un llamado punto de apoyo
que no desmenuce el cuerpo de arena durante la corriente diaria.
Todo es movimiento,
todo me lleva intentando quedarse con mis partículas.
La única motivación es agarrarme.

Tardes en cualquier punto fijo de la casa en que habito,
el mundo,
quieto en medio o dentro de un cristal,
tardes en las que podría nevar como si el cielo se desprendiera
soltando el sudor de Dios,
dejando esparcidos trozos de conocimiento
al alcance del que quiera cogerlos,
flores sin tallo que quemaran con sus besos blancos.

La vida es blanca,
suma de los colores que incluso no nos gustan.
Las líneas y las cuadrículas imaginarias existen
y confluyen desde todas partes
contando todas las historias al juntarse en los poros que forman tu rostro,
delineantes de vida,
esqueleto del aire que distribuye la sangre del mundo
y que nutre el caliente feto que eres,
dispuesto a abrir los ojos.


Foto: 
-New York City VI (Torso), de H.R. Giger





 

domingo, 8 de octubre de 2017

Regalos para ti



































-Vamos a ver... ¿qué tenemos aquí?
-El corazón partido.
-¿Y tú?
-Ganas de matarte.
-Se entiende.

Me encanta esa sonrisita tuya
y los gusanos de tus dientes.
Por eso taládrame la médula espinal
y que mis vértebras salten como palomitas,
mezcladas en la nieve de sangre
que cae en noviembre.
Un cumpleaños de huesos podridos:
“-Acepta esta tibia en memoria mía”.
Te quiero.
Por eso taládrame y muérdeme los genitales.
Que baile la saliva en torno al corazón,
haciendo ríos adiposos cuando lo muerdas.
Ahora sé que te quiero.
Un montón de sangre lo confirma.


Foto:
-Los crímenes del corazón, de Remigio Fabris 




miércoles, 20 de septiembre de 2017

Exposición “Simbolistas”-Hybrid Festival 2017






























“Los lienzos son una sucesión de esferas que se abren a los dominios de diferentes demiurgos. Son dioses caídos y ciegos que se desplazan por su cosmos como autómatas sin alma, disponiendo al arbitrio las máscaras de los planetas, entronizando a primates triunfantes paridos del vientre de mujeres objeto, líderes que mutilan y desmiembran las esperanzas de los cuerpos mortales, reducidos en el apocalipsis a torsos en caída libre hacia un osario antropomórfico del que sólo redime una diosa con cabeza de espiral.”
(Texto de Jose Ángel Conde)
 
La exposición "Simbolistas: Escarabajos, Serpientes y Calaveras", celebrada en el Petit Palace Hotel Lealtad Plaza de Madrid (España) del pasado 15 a 17 de septiembre dentro del Hybrid Festival 2017, dedicó una videoretrospectiva al artista Carlos Mensa en la que se proyectó la videocreación “Thule”, realizada para la web Oficial del artista carlosmensa.com.
 
 
 
 

Hybrid Festival: http://www.hybridfestival.es/ 
 
Carlos Mensa: carlosmensa.com
 
 
 
 
 
 

domingo, 10 de septiembre de 2017

El Infierno (666 s.C.)






































AÑO 666 s.C. (sin Cristo)
MADRID. EL UNIVERSO.
Parto de mi realidad para descubrir el Infierno.
Suturo la carne de la percepción
con el bisturí de mi mente
y encuentro la verdad:
no hay verdad.

El Infierno Material
es el paso inmediato, primario,
el balbuceo del bebé-hombre que desea,
ansias de todo, ansias de nada:
el deseo...tú.
Se abren las puertas del abismo.

Nuestra conversación en la cafetería
se erige en misa negra
y nuestra mesa en pentagrama:
“-No.” y Satán es invocado.
Leonardo, el Gran Macho Cabrío,
me abraza hasta retorcerme los huesos
y me atonta con su fétido aliento:
el dolor físico y los celos.
Ya nada es lo mismo,
ya no hay vuelta atrás:
soy presa de las eternas llamas,
tú me rechazas
y bajo al Infierno Espiritual,
el más hondo cráter,
el núcleo mismo del fuego del dolor,
donde millones de demonios
avivan mi angustia
con sus cósmicos fuelles.
Soplan imágenes,
algunas bellas, otras terribles, todas inolvidables.
Cada visión es todas y ninguna:
se llama Legión
y es el demonio de la evocación dolorosa.

Mi alma sigue viajando por los círculos infernales;
vuelo por cielos acosados de agujeros,
ciclópeos boquetes, abismos sin fin
que sumen al ser en el vértigo,
y en su centro que no existe
tejen los tres demonios de la impotencia:
las Parcas.

Me muero, me muerdo las neuronas con los ojos.
Te veo y me duele;
no te veo y me muero.
Quiero verte. ¡Quiero verte!
¿Por qué no puedo estar todos los segundos de la eternidad
junto a ti?
¿POR QUÉ?
Intento arañar la pared del tiempo,
escalarla y acceder hacia la cima.
No me valen subparaísos;
yo te quiero a TI.
En el intento mis miembros se hacen trizas
y mancho tus santos pies.
¡BASTA!
¡Soy un asqueroso hereje!
Caigo en un mar de lava
y veo surgir al más terrible Leviatán,
el demonio que cubre el firmamento rojo:
la autocompasión.

Estás cerca de mí
pero parece que estás en las colinas del universo.
Estás muy lejos, muy lejos de mí.
Tengo que correr, correr...
¡NO!
Quedarme quieto, analizar...
esperar.
Quemarme, desmembrarme
en el Infierno que es estar sin ti,
esperando que mis pedazos,
hechos cenizas,
se alcen y vuelen hacia tu trono.

Pero estoy aquí todavía,
carne de despecho, eterno deseo,
y mi sangre proporciona abono
a la fragua satánica de mi corazón.
Los ríos siguen fluyendo.
Dolor.
Aprendo y continúo mi agonía...


Foto:
-Lilith, de Patricia Ariel