sábado, 12 de agosto de 2017

Paisaje en el ventanal 3000































Lo siento.
Vuestros consejos de sabias montañas
son acariciadores como una película de ángeles,
celestial amistad impregnada en celuloide
que se enrolla en la propia vida,
pero que no sé o no puedo tocar.

Tampoco puedo sellar las grapas de normalidad
que cosan mi alma y mi cuerpo al olvido.
Dejadlo arder solo con su motor ígneo de sangre,
con cicatrices que me adoctrinan y recuerdos de algodón
cuya suavidad me hace andar hasta el punto de no poderla borrar.
No se hacen remiendos a la vida.

No siempre duele.
Vivo entre las cuatro paredes de mi espiral y me creo un código de acertijos
basado en una suma espontánea de imagen y verdad
en que cada palabra y cada imagen resultan ser oxígeno vital.
Pero aun así también miro con los ojos cuando no miro a los ojos,
y no os huyo ni os desprecio,
y me siento soñar cuando os veo pasar,
casi, casi como si os pudiera tocar.

El cuadro que veo siempre
siempre me deja dentro de todo el ventanal,
y el paisaje me habla
 y yo le dejo hablar.
El ciclo sigue y el mundo muere cada día
para nacer una vez más,
llevándonos a nosotros dentro.


Foto:
-Autorretrato (1907), de Leon Spilliaert.





 

sábado, 15 de julio de 2017

Tao contemporáneo






































Solo en la soledad,
en una proporción de uno a infinito,
la turbación me hace temblar y las preguntas producen el desenfoque de la vida.
Entonces veo a las personas fuera de su conglomerado,
lejos de la masa metálica de ruidos y colores
que todos aceptan sin preguntas.
Entonces los observo en planos,
separados en su belleza de abejas perdidas,
cantando una canción de tránsito y búsqueda a la vez
que se esconde en su interior desesperada y falsamente móvil
pero con el mismo estatismo de paredes interiores
que todos buscamos abrir.
Por eso a veces, en medio de nuestra jornada,
hay un drop de lágrimas
y las imágenes dejan de mezclarse y por un momento sienten
en una sola.
Siento el calor muy cerca, tu cuerpo camino del tiempo.
Llevamos hablando desde el principio, sin parar,
cogiendo las palabras con la boca.
Te mueves cerca y lejos de todo,
viajando en la sustancia inmaterial que cambia de forma constantemente,
generando el gen distinto
que anima incomprensiblemente cada rostro
sin saber de dónde procede,
dando existencia a un conjunto de partes corporales confundidas
al nacer de repente en ellas la emoción.
Sigo sin saber quién eres,
mientras giras en espiral en torno a mi pupila,
hablando con corpúsculos de luz
que juntando los instantes y las cosas
me pintan el paisaje que tengo que ver.


Foto:
-Night, digital art de Alexandra Khitrova





 

martes, 20 de junio de 2017

Caída





































Confusa música de jazz del vagón de metro
que llena otra vez mi cabeza con su reprimenda negra,
sólo entendible para mi córtex interno.
En la parada de mi deambular,
pisando una a una todas las monótonas estaciones,
me observo reflejado en la oscuridad,
mi cara un zarpazo definitivo marcado por mi mano en la piel de mi cabeza.
Las Disas descansan en sus pechos de madre,
las promesas que su esperanza confundida duda en darme,
estrellas brillando en los pezones de sus piercings,
mis bellas joyas mundanas.
Las espaldas se me ofrecen como hormigueros de columnas
que erigieran un templo de objetividad en el que encerrarme.
Afuera de todo esto vuelvo siempre y caigo,
y caigo contra el suelo,
sin metáfora ni posible moraleja,
contra la mismedad del mismísimo suelo,
como respuesta a mis discusiones casi mortales con la ebriedad.
Al levantarme de la corteza de acera
los cráteres marcan agujeros en mi rostro
donde poder leer o introducir las experiencias,
y así con esta nueva cara tomo posesión de este planeta,
para darle la forma y el color que no poseía.


Extraído del poemario digital Feto oscuro, publicado por GROENLANDIA.
Disponible en los siguientes links:


Foto:
-Viñeta de la novela gráfica Sin City, de Frank Miller



 


martes, 25 de abril de 2017

Paso estigio
































Ando por el mundo con paso estigio
y he comprendido que el amor es el infierno necesario,
una mariposa con cuchillas como alas
que surge en el beso de los amantes
cortando sus labios para crear una sangre
que alimente con ceguera luminosa
el nacimiento hacia el otro lado de los cuerpos
cuando los miembros son mutilados de deseo
para ser mejor sacados de sus cadenas,
y los restos de los cadáveres así carbonizados,
una fundición de llamas que en su nueva cópula de muerte
crean un paisaje encendido,
más allá del hilo de aluminio transitorio,
la sonrisa de dos cuerpos eternamente ardiendo.



Foto:
-"The fallen", de Sophie Jodoin 





  

lunes, 27 de marzo de 2017

Pájaros soñados






















 
  



 
Escalas dos pulgadas
metiendo los dedos entre los cubos de percepciones
que conforman la superestructura de la realidad.

Intangibles polígonos de sucesos
agrupándose en un damero de tiempo,
trozos que han caído del cielo para formar serpientes de ruinas
que te rodean sin que sepas si se volverán a recomponer,
una masa de ideas que avanza por el gris a medida que siente.

Hay agujeros interiores,
nichos como emboscadas de la mente en tu camino
donde las botas oscuras que lo andan se tornan ataúdes.
Los sueños y las pesadillas carcomen los bloques primigenios
del muro descompuesto de todos los días
diciendo que se puede rascar a través de su supuesta solidez.
Los gritos caen como pájaros muertos de mi boca,
atado a la cama de mi absurdo
pero con una estela castaña dibujando
aerosoles transparentes más allá del aire,
labios que abren otros caminos
cortando el polvo de lo que vivo,
nébula de sueño.

Despierto.
Las lágrimas caen volando por el cielo del absurdo
como los pájaros que podían haber sido.
 
Foto: