lunes, 27 de septiembre de 2010

Autoabsorto

























Autoabsorto
Mientras camino por el sendero manchado de sangre de mi existencia cosmopolita, me escondo de las fracciones interiores de mis laceraciones internas, externas, abiertas y sangrantes. Caminando solo puedo unir mi muerte y mi peligroso deseo para prender mi combustión definitiva. Provoco la colisión de la vida y el suicidio a través de rituales dogmáticos confrontacionales de mi ardiente carne interior. Todos somos carne de perro sobre huesos de cenizas. Antes que nada soy introvertido. Desecho el comportamiento gregario. La bala de un hombre del interior dispara desde los ascensores que descienden de mi mapa cerebral siempre en expansión. Procederé a arbitrar las formas en que baño los fragmentos de mi cadáver con plomo, hurgando en la flema a través de intestinos en el extremo oxidado de una zambullida instantánea. Cavando hondo, desgarrándome para explorar nuevas aberturas de nuestras profundidades interiores de arañas de la piel agujereadas, divaga conmigo mientras me he convertido en el rastro de la mutilación hacia la destrucción y el mal para todos. Sigue de cerca las profundidades de mi empatía. Somos las almas arbitrarias de nuestro propio templo. No necesitamos a nadie. Nuestras mentes autoestructuradas tomarán el curso de nuestras pasiones hacia el campo de batalla de las manos elásticas. Estira la mano para sofocar los estrechos pasajes de aire de los transeúntes

GG Allin 1990

Cárcel Departamento de correccionales

Extraído de Cultura del apocalipsis de Adam Parfrey
(Publicado por Valdemar. Colección "Intempestivas")












viernes, 17 de septiembre de 2010

En tránsito




Estoy en tránsito.
Apoyado en la pared de un subterráneo,
al lado de un teléfono de emergencia.
No sé explicar mis cambios de ánimo, climas mentales.
A veces no consigo leer,
como caigo en un avispero de letras
en el que las palabras me inyecten su significante,
pero vuelan zumbando con su significado,
saetas de luz que se escapan.
Lo mismo ocurre con las personas a mi alrededor,
itinerarios carnales con eterna prisa,
eterna mudanza que no consigo explicar y mucho menos alcanzar,
negándome siempre sus miradas,
estaciones de paso que yo querría individuales pero que escapan por el aire,
ya no más nuestro aire.
No sé cómo emprendo mis vuelos por la vida, siempre rasantes,
momentos compartidos que pasan dejando posos de dudas en los tragos que tomo,
formando constelaciones de botellas de cristal,
lágrimas a medio hacer.
Los partos oscuros no duelen,
pero tampoco son fruto del amor.
Prefiero la punzada de unos ojos
que no teman mirar quién soy.
Luego la relajación del verso,
La parada de la vida.
Estoy en tránsito.


Safe Creative #1009177358821






Foto: 
-Fotografía de la serie "Dolor interior y depresión", de Antonio Palmerini.
















viernes, 10 de septiembre de 2010

El puente de Munch


















Perverso,
ciego,
tu cuerpo me quema como azufre
o como miel bendecida por un azúcar místico,
mezclado en tu saliva de niña,
concepto o persona que me sonríes.

Tengo dislexia de la vida
porque no puedo ni oír ni hablar
sobre nada ni a nadie
debido al sonido de mis alaridos cerebrales
y las ondas que reverberan mareantes
como un escudo de angustia alrededor de mi cuerpo.
Pero siempre estás en algún sitio,
puede que siempre en el mismo,
a lo lejos,
más allá de la niebla naranja oscura,
en el límite sobre todo que cruza por el puente,
un ocaso de sonrisa blancamente cálida
reflejando su luz sobre el agua alquitranada de pesadillas morales,
donde el bien y el mal
desaparecen dentro de tu vientre
y su ausencia cristaliza en tus ojos,
oscuro arco iris de esperanza
preñado con la potencialidad de un beso,
eléctrico transporte a nosotros.

Quiero comprenderte,
necesito tanto comprenderte
que no puedo mover el aire en ignición
para acceder a cabellos tan extáticos,
playa de piel anaranjada,
carnal país de complicada simpleza humana.
Hablar sin hablar,
sin las barreras del espacio,
no necesitamos acercarnos
para desnudar de verdad
el uno ante el otro,
solos en nuestra compañía
que sobrepasa los fuegos de los elementos,
atentos,
dejados a nuestros sentimientos.

El mundo está lleno de cristales rotos,
piezas de fracasos dispersas como arena cortante,
callejones de tristeza donde los hombres hablan solos.
Sí,
ya antes me ha besado y seducido el vampiro,
rojo y oscuro en su guarida,
siempre esperando que pase a su lado mi estela de angustia,
jugando con mi esperanza,
esclavizando mi mente
como tú bien sabes.
Te quiero porque sabes sin que cuente,
nunca estoy a solas cuando estoy contigo,
pues ahora tú y yo
nos miramos con las manos,
nos susurramos con los cuerpos,
tu rostro nunca hace preguntas,
tu rostro me besa sólo con mirarme.
Te acaricio cuando me pregunto
en qué parte de tu piel estará mi alma,
me acaricias cuando te preguntas
si te escapas hacia mis adentros
cuando huelo tu principio en tu melena.
Nuestros besos y caricias son las letras de un libro
que nunca se acaba de escribir,
preguntas inmateriales a respuestas carnales.
Nuestros ojos fluyen hacia los del otro
y se vierten desde sus cuencas como torrentes
en un orgasmo fresco y cristalino,
mezcladas ya las aguas,
mezclados ya dos seres vivos,
en el calmado lecho
de un estanque de aire,
suave como nosotros.


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Foto: "Ansiedad", de Edvard Munch.