jueves, 26 de mayo de 2011

Hierogamia
























Anímalos con tu lengua y haz estallar sus glandes,
reina del asfalto,
una más entre las sucias y eróticas luces hechas de perversión urbana:
humanidad en estado puro.    
Eres la musa de los viejos desdentados y vináceos
y de los espinilleros malolientes,
hermanos del descaro los unos,
primos de la hipertimidez los otros.
Tú sabes amamantar a todos con tus enormes pechos colectivos,
calientes de saliva y alientos ajenos,
una madre con don de la ubicuidad.
Sin flujo vital,
pues los penes vulgares y mayoritarios
te condenaron a la esterilidad moral,
taponando la salida de tu menstruación,
que líquido sincero a sólido marginal
se convirtió en la carne de la opresión.
Despreciada,
véngate y asesina,
ahoga barbudos cuellos con finas medias,
muerde lenguas costrosas con indignados dientes,
amputa roídos prepucios con cristales,
araña peludas espaldas hasta hundirte,
asfixia con tu aliento de napalm
y aplasta esqueletos sostenidos por represiones
con tu gordo, enorme, feo y celulítico culo,
lleno de vida,
sacada del oscuro callejón donde te parieron.
El carmín de tu sudor de sangre les tatuará tu sonrisa triunfal.
Es el triunfo de la carne
y luego podrás volver a caminar sobre los charcos de neón
y a desear que te follen los rascacielos celestes,
llenos de luces orgásmicas,
que son los árboles de esta podrida ciudad.

Con estas premisas,
Puta,
baila  al ruido de los disparos y los jadeos,
vive el inmenso coito del ajetreo urbano
y, erigida en reina de la tentación,
muerde la manzana del cementerio
 y deja que el gusano en su interior
se deslice hasta el tuyo a través de tu cuerpo,
hasta esa selva que, entre tus piernas,
caldea el ambiente.


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Foto:

-"Female King" de Joel-Peter Witkin







viernes, 13 de mayo de 2011

Jörg Buttgereit, más allá del gore
















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Auténtico estandarte del cine de los circuitos underground y de la más militante serie B, la controvertida filmografía de este outsider alemán es un claro ejemplo de espíritu transgesor y provocador. Un cine casi marginal, de escasa distribución, aunque con gran número de seguidores. Decididamente no apto para todos los estómagos, y, sin embargo, más emparentado con la tradición de autor europea que con los cánones típicos del gore de explotación.




















2




La estética del "arte abyecto"

Devorador de cine de terror, el berlinés, padre del ultragore alemán, muestra ya desde sus primeros trabajos (Mein papi (1981), un seguimiento cámara oculta de su padre, o Hot love (1985)) un doble interés por la escatología y la experimentación de tono más enfermizo. Tal afán le emparenta con el llamado "arte abyecto", término estético definido por la teórica Julia Kristeva en su ensayo Poderes de la perversión.
Lo "abyecto" se refiere aquí a los procesos naturales tradicionalmente obviados por la estética oficial, relacionados directamente con los fluidos nauseabundos y otra serie de tabús referentes al cuerpo humano. Así, existe una serie de artistas que recurren a la utilización de humores corporales o incluso de cadáveres y cuerpos mutilados para la realización de sus obras. La fotografía freak de Joel Peter Witkin y Cindy Sherman, o la esculturas realizadas con cadáveres plastificados de Gunter Von Hagens son ejemplos de esta estética que pretende ir más allá de los límites clásicos del gusto y la expresión artísticas.

En el caso de Buttgereit estaríamos ante un auténtico cine de autor también en el sentido más físico. La filosofía del vídeo doméstico, en pleno boom de los 80, del "hágalo usted mismo", le lleva al extremo de dominar casi todos los procesos de producción, desde el guión y la realización, hasta el montaje, la escenografía y los efectos especiales. No en vano, sus películas tienen mucho de videoarte.




















3




Nekromantik y el amor por la muerte

Nekromantik (1987), prohibida en muchos países, es una obra de culto y la película manifiesto de Jörg Buttgereit. Con un tema tan incómodo y poco tratado como el de la necrofilia, entra dentro del terreno de los filmes de arte y ensayo con su estética sucia y su minimalismo extremo, emparentado con el cine maldito de Paul Morrissey, aunque también con un cierto aire de cine mudo. El gusto por lo bizarro y lo explícito de sus escenas, de clara vocación snuff, se conjugan con un romanticismo perverso que cuestiona el sentido clásico de belleza y los caminos sexuales ortodoxos.





En el terreno conceptual, Buttgereit expone un ferviente interés, casi amor, por el tema de la muerte, que será aún más evidente en su segundo largo, El rey de la muerte (1989). En su obra más experimental, un cuasi-documental en episodios, propone diferentes reflexiones sobre diversos aspectos de la necrosis, como son el suicidio, el asesinato, los accidentes o la tortura. Todo ello jugando constantemente con las posibilidades expresivas del montaje y apoyándose en la estética degradada del vídeo.

























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Manierismo y escatología

Nekromantik 2 (1991), tan polémica o más que su predecesora, será una secuela superior en cuanto a sus hallazgos estéticos. El berlinés comienza un manierismo formal que refina la escatología hasta extremos malsanos, ahondando aún más si cabe en la dimensión sentimental de la historia para subvertir del todo la estabilidad moral de cualquier espectador.

Buttgereit se empeña en provocar con sus imágenes una autopsia de nuestra percepción que remueve por dentro nuestra visión del mundo, planteándonos la muerte y el horror que la rodea como una de las "bellas artes".






Yendo más allá en el terreno de esta provocación necrófila está su último largometraje, Schramm (1993). La introspección psicológica en la mente de un sociópata sexual dará como resultado un filme difícil y surrealista, un delirio de imágenes enfermizas e inconexas que se erigen de nuevo como una violación de nuestros sentidos. Con un sentido iconoclasta punk, aplastante y grotesco, horror y belleza van de la mano en un todo indisoluble, sin concesiones ni respiro.




















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Un legado alternativo más allá del gore

Actualmente dedicado al documental, la televisión (en su haber un capítulo de Rex) y el videoclip, así como ocasionalmente a los efectos especiales (El condón asesino), bastan estos pocos títulos para verificar una incómoda parcela de posmodernidad dentro del cine europeo. El cine de Buttgereit, y en especial su saga Nekromantik, sigue siendo referencia de culto dentro de los circuitos más alternativos y malditos. Un plato de consumo nada tradicional tanto para los paladares más freak como para los que le piden algo más al gore que la consabida exhibición de charcutería.


Jörg Buttgereit, más allá del gore -
CC by -
Jose Ángel Conde Blanco




Fotos:

1. Jörg Buttgereit
2. Woman Once a Bird, de Joel-Peter Witkin
3. Cartel de Nekromantik
4. Cartel de Schramm
5. Fotograma de Nekromantik






sábado, 7 de mayo de 2011

Amor forense
















Mi mano recorriendo tu cuerpo
es una araña,
moviéndose como si se deslizara,
suave, semiflotando, un dedo detrás de otro,
deteniéndose y palpando
ante los obstáculos,
casi sin tocarte.
Te erizas toda
y te muerdo,
dispuesto a echarte el veneno.
Un microsegundo antes,
tus tetas de láudano
me sacuden cuando clavo los colmillos,
haciéndome vibrar como un arpa de tendones
y, enseguida, te cubro de azufre almizclado,
espeso y salado es sangre.
Muerta, te retuerces como viva.

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Foto:
-Christina Ricci en un fotograma de "After life" (2009), de  Agniezska Wojtowicz-Vosloo