lunes, 23 de septiembre de 2019

Teluria

































Su cuerpo marrón se me ofrece como la verdadera Tierra,
el planeta en el que tengo que penetrar para sentirme dentro de la vida.
Sus ojos miran tristes mi desesperación y ese amor que puede quemarla hasta destruirla
pero su entrega es cálida y tierna como el viento alisio de su aliento.
Su pelo castaño lleno de madera fundida me atrae hacia así
y me acaricia con sus raíces y espinas,
y me lleva hacia la boca propietaria de ese sabor y esa esencia
que me retienen.
La saliva habla con su lengua y la mía se encierra en mis labios
para enjugarse con su piel y encontrar en todas las partes de su terreno
el olor que me atrapa,
y trato de agarrarme a las emanaciones de barro caliente y tierra mojada de su vulva,
el río de su boca regando mi falo al pasar su lengua suavemente por su tronco,
el sabor a ostras y seres emigrantes del mar saliendo de su carnoso y blando orificio,
los labios siendo muchos labios entre sus piernas,
el vello recogiendo y almacenando los restos de su lluvia,
un atisbo de fetidez que se convierte en dos líquidos blancos ahogándose,
mientras los dos cuerpos despiezan sus trozos de carne,
sus dos bolas que mis labios de cera succionan pálidos en busca del violeta
que me rebelará el placer surgido de las nueces endurecidas de sus pezones,
mis dedos pasando por la leve melena rizada
que marca el camino hacia la puerta desesperada de su ano,
cuando lamo su desesperación amarga en el esfínter,
los caminos robustos de roble en sus piernas,
el sudor alimenticio con su erección orgullosa en los dedos raíces de sus pies,
nuestras curvas girando una sobre otra mientras agarro con mi alma perdida
la blandura que la define en la redondez de su dos eclipses de carne,
los gemidos haciendo preguntas,
sus dos caderas vueltas de espaldas y dejando entrar a mi pene una y otra vez
para mostrarle la insistencia de su olor una y otra vez,
la resina resbalando por nuestros cuerpos,
la humedad la misma corriente en nuestras bocas y sexos,
y el movimiento de los satélites del placer que me va derritiendo hacia ella,
con sus brazos abiertos atrayéndome al portal oloroso de sus axilas,
un momento de agresión en lo oscuro de su vicio
y la saliva mojada por tanto deseo tejiendo un río hacia su rostro castaño
que se contrae con la belleza de unos rasgos de niña
que nace con los ojos cerrados
haciéndome explotar de blanco
hacia el interior
del origen total,
de Teluria… 

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Teluria by Jose Ángel Conde is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.


Foto:
-Inward journey, de David Palumbo