domingo, 11 de noviembre de 2012

Sin reposo
























Rostro flotando en la oscuridad,
en medio de dos pasillos sin nombre ni dirección,
los gusanos saliendo de la boca
buscando convertirse en palabras
mientras los dedos quebradizos y temblorosos,
alimentados por una bilis que ya les tiñe,
buscan agarrarse en medio de espirales invisibles
al rellano de los sueños.


Tocar es un ejercicio para brujos,
para guerreros de la mente que luchan
en campos de vaguedades invisibles
que se clavan al corazón como lobos,
que hacen sangrar miedo.
Tocar puede ser doloroso
cuando el aire se respira
al rascar una pared de fuego,
el horno que limita al escritor paranoico
que tiembla al recorrer la calle de sí mismo,
hacia la esquina de carne con piernas de nácar,
sostén de los edificios que arraigan en todas las mentes,
cuando logramos salir y crecer
por encima de los sótanos de la locura.
Antes pueden caer las cabezas
de los hombres de madera que asienten con fuerza.
Pero lejos,
en el alveolo espiral de los oídos,
en medio de la habitación que se quema
entre dorados de amanecer arrebatado al cielo,
preñado por los edificios,
la voz chisporrotea con un matiz mojado de saliva,
procedente de un mar que ya habíamos escuchado,
recordándonos los oleajes de los abrazos.
No importa qué tempestades se escondan
en nuestros ojos,
detrás del imperio de los párpados,
mientras duermo.


Safe Creative #1211092655972





Foto:
-Ian Curtis, de Anton Corbjin