martes, 2 de octubre de 2012

Alas acuchilladas
























Uno a uno,
en mis incontables miradas perdidas,
atravieso el cielo por trazos

que se paran en todos los sitios,
mientras todo se mueve.
Yo me inmovilizo por naturaleza,
rodando con ojos cerrados y mente abierta
porque no sé si quiero andar.
Tampoco sé si soy capaz de asentir al viento
sin entender sus preguntas,
ni de refugiarme en una tranquilidad ciega
que compre u otros me vendan.
Así que tengo ésta mi propia forma de respirar,
sacando sentimientos de los momentos,
puede que para no perderlos.
Reinventando sin pensar
todas esas sensaciones que lato
y que se definen con el verbo “amar”,
composición química de mi sangre.
Me ha tocado vivir,
tengo que llegar hasta el final.
Hay un solo cuarto de espera,
una sola vida para ser vivida.
No hay diferentes tipos de mañana,
sólo una interrumpida por los vagos momentos,
matices donde soñamos.

Caminando poco a poco
por el suelo de mis pensamientos.
De entre todos los líquidos
mastico la tinta que produce el mundo,
un amargo sendero que me abre su sangre.
Tanto es así que los conozco
y vivo entre los devoradores de prisa
y los tejedores de plástico afectivo,
entrelazados en su magma de papel higiénico,
extenso pero frágil.
Si no hay memoria en las alcantarillas
ni pasadizos en los contenedores catódicos de almas,
más allá de sus imágenes sordas y mudas
podría marcharme volando en un atardecer rojo
que por casualidad llorara al mismo tiempo que yo,
pero mi cuerpo de plumas acuchilladas que se quejan
lo sostienen a veces fragmentos
de las costillas de algún ángel,
la suerte sólida del sufrimiento ligero
cuando no tengo miedo a ser el gas
que salga libre de este innombrable recipiente.
Nadie debería asustarse
de lo variable de su propia gravedad,
así yo de la respiración de mis propios sentimientos,
único caos con sentido…

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Foto:
-Fotomontaje de Angry Whistler