Lo infinitesimal, lo pequeño de lo pequeño,
somos microorganismos o plancton humano
en un mar relativo que ni acertamos a vislumbrar.
Crear del dolor, como un parto de verdad,
correspondencia.
Las ondas del mundo y del día vivido
se repliegan por la noche dentro de mis oídos,
acumulándose en minúscula implosión
como en un bosón primigenio,
infinitesimalmente desesperante.
Su núcleo no quiere dejarme soñar,
sus pulsiones no quieren dejarme vivir.
Los estados de ánimos cambian
con similares marcas cuánticas internas,
caprichosas combinaciones eléctricas,
el sentir de la materia
nadando en las emisiones de los nanosegundos,
sexo y mística en el interior de las partículas.
La poesía es una termodinámica de conocimiento,
caos y sentido enlazados en transformaciones cerebrodilatadoras,
expresión fundida que vierte el alma en moldes de letras cuneiformes,
taxonomía de mundos y civilizaciones del tiempo detenido,
palabras que se expanden en una arcilla a descomponer,
máscara de sombra inconsciente,
nanonauta.
Foto:
-Shadowscapes, Libby Heaney
