martes, 6 de julio de 2010

El samurai















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............

Rasga el aire

....

Tu piel anda por algún lado de la habitación.

En tu mano sigue la navaja.

¿Ya se formó el huevo cósmico?

Aún así habría que volver a empezar.

Siempre es así, nunca hay fin.

Pero aquí viene algo que no está en el tiempo,

que no entiende de relatividad.

Viene cuando sales del abismo.

Es tu decisión.

....

Rasga el aire.

....

Mientras tu antiguo cuerpo muere

oyes desde todos los puntos

los disturbios que enseñan a la ciudad,

las misas sangrientas que predican el caos,

y tú...

aquí tumbado.

La melodía salvaje y primaria

alza tu alma con manos invisibles

y los guiños del fuego destructor

te muestran puertas estroboscópicas.

Entonces recuerdas.

....

Rasga el aire.

....

Dadme una navaja

que voy a escribir poesía.

Al principio follé con los ángeles

en un vuelo suicida y catárquico,

con todos los vientos del karma

acariciando mis sentidos.

Pero eso duró poco, como suele ocurrir,

y pronto llegó la taladradora de esperanzas.

Su impacto veloz y terrible

me hizo sangrar por todos mis poros,

separado ya del útero alado del amor.

Luego llegó el purgatorio de las espinas

con cientos de cables metálicos cortando mis sentidos

y moviendo mi cuerpo en una parodia de vida.

Luego la no-conciencia.

El abismo.

Luego la Bestia.

Visiones de salvajismo y libertad.

Anhelo de anarquía vital.

Y ahora, aquí,

veo su cara,

me veo a mí...

y decido llamarle.

Y él viene.

El Samurai.

....

Rasga el aire y avanza por el alquitrán de la ciudad

derribando y escalando ciclópeos edificios con su espada,

gabardina negra al viento del caos,

pies y manos desnudas para llegar a abrir

las ventanas de la locura.

Permanece quieto durante siglos

y nadie percibe sus movimientos

cuando emborracha su espada

con la sangre de las cabezas arbitrarias.

Una katana satánica

forjada con el miedo de la humanidad,

una hoja negra

que te corta con sólo mirarla,

un agujero

que absorbe lo existente.

Practica el no-movimiento,

la no-sensación,

y el único símbolo de vida en su negro cuerpo

es su máscara kabuki,

de gestos estereotipados,

esculpidos en porcelana

sacada de los colmillos de los dragones.

Le mueve el giri,

cuyos motivos no existen

más que porque existen.

Se viste con la oscuridad y sus venas son de metal

y se lanza a cortar el mundo con pensamientos

que son el disco de una galaxia

eternamente derribada y levantada.

Duro.

Oscuro.

Violento.

Metafísico.

....

Rasga el aire.

La katana de la consciencia

centellea por un instante

pero el corte,

profundo...

el corte es irracional.


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Fotos:
-1. Fotograma de "Tetsuo: The Iron man" (1989), de Shinya Tsukamoto.
-2. "El samurai", ilustración de Jose Ángel Conde (Josef A.)









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